49. Aelina se salva
—Regrésale la moneda que ella te dio. Ahora —ordenó el Rey Lobo, su voz grave y lupina cortando el agradable ambiente como una daga afilada.
El niño, con los ojos abiertos de par en par por el miedo, no dudó ni un segundo. Devolvió la moneda a Aelina con manos temblorosas y luego salió corriendo, sus pequeños pasos resonando en la calle ajetreada. La muchacha se quedó paralizada, con el rostro lleno de frustración y un deje de rabia.
—¿Pero, por qué? —exclamó Aelina, su ceño fruncido y sus manos