25. Dominación y sumisión forzada
Valdimir estaba tan cerca de ella que Aelina tenía que alzar la cabeza para mirarlo de frente. Cuando ella habló con descaro, el lobo esbozó una sonrisa que ella no supo cómo leer, no sabía si era maliciosa, burlona, perversa, lo único que la joven observó fue como las comisuras de sus labios se curvaron mientras él decía:
—Tu forma de hablar, no es digna para una inocente princesa humana… —dijo mientras sus manos se posaban sobre los senos de ella, apretándolos y acariciándolos de una forma idé