192. Espadas y secretos
Y así, mientras continuaban su paseo por los hermosos senderos del jardín, charlando sobre temas más ligeros, Erik notó un movimiento a lo lejos. Dos jóvenes se acercaban a ellos con paso decidido. Eran dos muchachos que, al divisar a Celeste, agitaron sus manos en un saludo entusiasta y se dirigieron hacia donde estaban.
La rubia, percibiendo la curiosidad en la mirada de Erik, se inclinó ligeramente hacia él y, en voz baja, se apresuró a explicar antes de que los recién llegados estuvieran al