153. El nacimiento del sacrificio
Erik se giró hacia Valdimir, quien observaba la escena con una mezcla de horror y comprensión dibujada en su rostro.
—Yo... —Valdimir tragó saliva, su voz apenas audible— nací para ser un sacrificio.
Aelina, sintiendo el peso de estas palabras, se acercó y tomó la mano de Valdimir entre las suyas, ofreciendo un silencioso consuelo.
—Así es, padre —confirmó Erik, con su voz cargada de emociones contenidas.
—Un sacrificio que salió mal —murmuró Valdimir, apretando sus manos con fuerza, como si qui