132. El hijo de la Reina y el Rey Lobo
En ese instante, en la majestuosa entrada del Palacio Real de Kolgrim, con sus imponentes puertas de roble tallado enmarcadas por columnas de mármol oscuro que se elevaban hacia el cielo crepuscular. Aelina, con sus ojos azules brillando de curiosidad y desconcierto, dio un paso adelante en su figura etérea y dorada, preguntando algo que se moría por saber, porque había detalles que todavía no comprendía.
—¿Tú mismo, como mediador del tiempo te pusiste en ese pasado actual que ahora es nuestro p