111. Confesiones en la Torre
Valdimir, con su imponente figura recortada contra la penumbra, giró lentamente hacia Aelina ya que sus anteriores palabras las había dicho sin mirar a Aelina a la cara. Pero ahora, sus ojos, profundos y atormentados, se clavaron en los de ella con una intensidad que parecía querer traspasar su alma.
—Ahora sabes que soy un monstruo, uno verdadero —pronunció Valdimir, su voz ronca y cargada de amargura —he de asumir que te aterra tenerme cerca.
Aelina, sintiendo el peso de esas palabras, se irgu