103. Sombras en el Castillo
En un instante que pareció estirarse eternamente, Nikolai se abalanzó sobre Valdimir. El aire se llenó con el sonido de jadeos y el crujir de las sábanas mientras los dos niños forcejeaban sobre la cama. El contraste entre ellos era dolorosamente evidente: Nikolai, más grande y fuerte, con sus movimientos precisos y letales; Valdimir, pequeño y frágil, luchando con la desesperación de quien sabe que su vida pende de un hilo.
—¡¿Por qué no me matas como lo hiciste con la flor, eh, pequeño monstru