Blanca se quedó en el lugar, con el ceño fruncido.
Ya había hecho los arreglos necesarios, pero todo estaba planeado para dentro de media hora.
Conociendo a Esteban, Blanca no creía posible que él llegara a enamorarse verdaderamente de Serena.
Todo el mundo podía ver con claridad que Serena no era más que una herramienta para callar las bocas ajenas.
Mientras Esteban no se casara, el abuelo, el Sr. Ruiz, y ella misma, como mayores, podían seguir presionándolo para que cumpliera con su deber de