Bernardo se sintió profundamente frustrado. Pero no se atrevía a contradecir a Esteban, por miedo a que este volviera a golpearlo.
El viejo señor Ruiz había enfermado, y desde entonces, en el hospital privado de la familia Ruiz, desde los médicos hasta las enfermeras y el personal, todos obedecían únicamente a Esteban.
Para ellos, él era el único jefe, y los demás no contaban.
Por más tontos o arrogantes que fueran Bernardo y Blanca en tiempos normales, ni siquiera se atrevían a levantar la voz