A comienzos de cada mes, Flora siempre cambiaba su actitud con Serena, volviéndose especialmente dulce.
Serena la escuchaba por teléfono con el rostro helado, mientras Flora no paraba de llamarla "hermana" con una voz melosa.
Tras dar un largo rodeo, Flora soltó finalmente lo que de verdad quería decir:
—Hermana, ¿tienes algo de dinero ahora? Quiero comprar unas cositas... ¿Podrías prestarme quinientos mil dólares?
—No me llames hermana —respondió Serena con frialdad—. No nacimos de la misma ma