Esteban, al ver que ella no respondía, dejó que un destello de frialdad pasara por sus ojos y la mordió ligeramente en la clavícula.
—¿A quién te gusta?
Serena se cubrió los labios con la mano, mordiéndose los dedos para evitar decir lo que estaba a punto de salir.
Esteban le apartó la mano y volvió a besarla.
Aún no era la una de la madrugada cuando Serena, agotada, se quedó dormida en su brazo.
Llevaba días rodando sin descanso, y después de haber sido besada por tanto tiempo, el sueño la ven