El perfil de Esteban transmitía cierta frialdad, pero su rostro, esculpido con una elegancia casi irreal, hacía que incluso sus gestos más simples resultaran distantes y difíciles de alcanzar.
Serena, por su parte, no tenía emociones especialmente complejas.
Para ella, la felicidad y el dolor eran pasajeras, momentos que venían y se iban como las escenas en un rodaje: terminaban y quedaban atrás. El pasado era eso: pasado. Y las personas debían mirar siempre hacia adelante.
Los pensamientos de