La voz de Esteban sonó baja, con un matiz de sonrisa peligrosa:
—¿Ahora ya sabes si tengo algún tipo de problema... funcional?
Serena estaba completamente aturdida.
Sentía las palmas de las manos ardiendo.
Bueno...
No. No había ningún problema.
El señor Esteban era... muy capaz. En todos los sentidos.
Aunque, honestamente, había sido un poco demasiado impactante.
Serena dudó un momento y murmuró:
—¿Quieres que te ayude?
Esteban le tomó la mano con firmeza:
—Nunca dejo que nadie me toque.
Serena