La multitud, que hacía apenas un momento murmuraba y observaba con curiosidad, enmudeció de inmediato al ver llegar a Esteban. Todos se apartaron por sí solos para dejarle paso, sin atreverse a decir una sola palabra.
Serena alzó la vista y miró a Esteban.
Él llevaba unas gafas de sol grandes que ocultaban por completo su expresión. El aire acondicionado del velatorio soplaba con fuerza, y su rostro, ligeramente pálido, mantenía sin embargo la misma frialdad y arrogancia de siempre.
Rafael most