Evan estaba en su despacho, de mal humor, no podía creer que Alba fuera tan dura con él.
«No sé qué hacer, cualquier intento por lograr su amor me congela. Podría contarle toda mi verdad, pero ¿Por qué debo ser yo quien siempre ceda, quien suplique por amor? No, ella debe conocerme, debe amarme por lo que yo soy»
Bebió dos copas más y tocaron a la puerta, creyó ilusamente que podría ser ella, más era Piama.
—Ahora no, Piama, hablemos mañana —dijo juzgando que, además, estaba bebido, no quería