Evan siguió aquellas risas, sus ojos se abrieron en un tormento, su corazón se aceleró, agudizó su vista para comprobar que su visión no era irreal, ¡Alba estaba con él! ¡Su peor enemigo! El causante de su infortunio. Casi enloquece. Como si fuera dominado por un instinto infernal, caminó hacia ella. Ella se quedó perpleja enseguida al verlo, caminó hacia él.
—Buenas noches, señor Santori, sea bienvenido —dijo Arturo sonriendo socarrón, pero sus ojos denotaban algo de nervios.
Evan estaba rojo