Corina llegó al motel donde Ariel le pidió encontrarse.
Ella estaba tan asustada, porque su empleada de limpieza la llamó y le dijo que la policía estaba buscándole.
Al entrar a la habitación de ese lugar de mala muerte, Ariel estaba ahí.
—¡Dijiste que esos hombres no hablarían! Y mira lo que pasó —exclamó.
—Tranquila, no hay nada que hacer, ya hablaron.
Corina la empujó.
—¡Quieren llevarme presa a mí!
—Pues ni modo, ese es tu problema, no el mío.
Corina abofeteó su rostro.
Tomó su teléfono, re