Jorge fue a casa, no podía estar en paz en ningún lugar, pensaba en Mariza, llevaban poco tiempo juntos, ¿dos meses? No importaba, la extrañaba tanto, ni siquiera ver su rostro, ni siquiera oír su voz, incluso si era solo un insulto.
Cuando llegó a casa, la encontró fría y vacía.
No había nadie esperándolo, se sentía como un perro abandonado.
Subió la escalera, entró a su habitación, abrazó las almohadas donde ella durmió, olió su perfume, no había nada más de ella, y, sin embargo, toda esa habi