—¡¿Qué dices?! —exclamó Sylvia, sus ojos casi salían de sus cuencas, y de alguna manera, Jorge sintió una gran satisfacción de lo que su esposa dijo.
—Como oyes, madrastra, mi esposa espera un bebé, pronto seremos padres.
—¡Imposible, iban a divorciarse!
—Un hijo todo lo une, deberías estar feliz por mí, tanto que decías querer ser mi madre —dijo Jorge.
Jerónimo se acercò a ellos.
—¡Estoy tan feliz por ustedes! Y me alegro de que hayas vuelto, Mariza, no quiero que nada te angustie, hija; respec