Mariza se despidió del pequeño Luca, pero el niño lloraba sin control abrazado a su pecho.
Jorge lo miraba compasivo, hasta que se acercò y lo cargó el mismo.
—Luca, te prometo una cosa, vendremos por ti, pronto, en un par de días.
—¿Y mi gatito?
Jorge sonriò.
—Te prometo que, cuando vayamos a nuestra casa juntos, tendremos un gatito.
—¡Sì! —exclamó el pequeño y lo abrazó.
—Gracias, papi.
Los ojos de Jorge se abrieron grandes, sonriò.
Mariza estaba tan sorprendida, sonriò.
Jorge dio un beso a la