— Tengo una propuesta para ti.
—Siempre y cuando no deje marcas visibles—. Sin pensarlo conscientemente, la respuesta se escapa de mis labios y la vergüenza florece desde la manzana de mis mejillas hasta la parte superior de mis pechos. El calor recorre mi piel, dejándome sonrojada y sensible, incapaz de controlar la reacción de mi cuerpo ante su cercanía, de deshacerme de los efectos que crea su mera presencia.
Porque la racionalidad me falla una y otra vez, y en su lugar, me quedo sonriendo