Al día siguiente, el jardín de atrás de la casa era un hervidero. Los jardineros chambeaban duro, plantando con mucho cuidado en el jardín las rosas de luz de luna recién traídas del Bosque Oscuro.
Alguien soltó con admiración:
—¡Qué chulada de rosas de luz de luna! Son bien raras, hasta en el Bosque Oscuro. Ya había oído que el Alfa consiente un montón a su pareja, ¡pero no sabía que tanto!
—Tu chisme ya caducó. Ahorita todo el mundo sabe que el Alfa anda de romance con su amiga de la infancia,