Las cosas estaban tensas, pero esta vez no por problemas. Rowan y Elara parecían echar chispa cada vez que rozaban la piel del otro. Es como si se hubieran deseado de toda la vida y estar sin poseerse fuera el peor de los castigos.
El ambiente estaba más relajado, pues ya no había disputas más allá de discusiones por tonterías, donde el único que sabía que aquellas disputas eran por celos era Thomas. Rowan juraba que jamás sentiría celos por nadie y Elara perjuraba que ella celosa no era.
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