HUNTER
Me congelo, ¿qué mierda está mal conmigo? Desde que vi a Glyndon, no pude evitar echarle la culpa de que nuestros padres quieran casarnos, sentí tanta rabia por su mera existencia, sin razón alguna, mi enfado lo estrellé contra ella, y ahora, mientras observo su rostro pálido, la suelto poco a poco.
—¿Hunter? —me llama Davina.
Su dulce voz es la que me saca de mi ensimismamiento, pero no puedo apartar la mirada de Glyndon, quien permanece con los ojos cerrados, el cuerpo encogido, como