No voy amarte más.
Sebastián bebió otra copa con amargura, mientras escuchaba a los hombres cerca de él, hablando de Marina, y de cómo habían disfrutado su cuerpo cada vez que pagaban por ella.
El licor quemaba su garganta, pero no tanto como las palabras que taladraban sus oídos sin misericordia.
La música estridente del lugar apenas lograba amortiguar las conversaciones que se filtraban como veneno en su mente.
Sebastián apretaba el vaso con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, mientras lo