No le grites a tu tío.
Sebastián ingresó a la habitación de Stella con el corazón palpitando, pensando encontrarla sumida en el sueño profundo.
No obstante, la cama estaba tendida, sin una sola arruga que delatara su presencia, y ya era media noche según marcaba el reloj de la mesita de noche.
El silencio abrumador de la habitación solo aumentaba su ansiedad mientras recorría la mirada en cada rincón del espacio.
¿Dónde estaba su esposa a estas horas?
Se cuestionó mientras ingresaba al vestidor, apartando