Escape.
Los médicos llegaron. Sin perder un segundo decidieron administrar una nueva dosis de sedantes potentes que sumergieron al paciente en un sueño profundo y necesario.
Con voz autoritaria el médico jefe, decretó la prohibición absoluta de visitas hasta que el paciente mostrara signos de mejoría.
Marina, con el corazón martilleándole contra el pecho y la respiración entrecortada por el pánico que sentía, abandonó la habitación. Sus pasos resonaron como truenos lejanos en el suelo mientras corrí