—¡Suéltame!
Julieta luchó desesperadamente por escapar del abrazo de aquel hombre, pero no fue capaz de resistirse porque su cuerpo no le respondía.
El hombre le sopló al oído:
—¿Todavía quieres resistirte? A todo el mundo le encantaría probar a la señorita de la familia Rosales. No tiene como escapar, señora Cisneros.
Después de decir eso, el hombre la tiró en el sofá y estaba a punto de sentarse sobre ella cuando fue detenido por otro.
—Espera, ¿vamos a jugar a algo divertido? —sugirió esa per