—Así es, gracias por limpiar siempre las lápidas de mis padres —dijo Julieta.
Luego sacó un sobrecito de dinero y lo puso sobre la mesa y dijo:
—Esta es una pequeña muestra de mi agradecimiento.
El guardia del cementerio la miró brevemente y se rio.
—En realidad, no hace falta que sea tan cortés, sé que usted es fiel a sus padres.
Julieta frunció los labios. Dudó por un momento y preguntó:
—Disculpe, señor, pero ¿existe posibilidad de que me pueda mostrar los videos de vigilancia de hoy?
—¿Qué o