Julieta se sobresaltó, como si le hubieran clavado una aguja en el corazón. Sentía un dolor sordo.
Después de un largo rato, preguntó con labios temblorosos:
—¿Estás diciendo la verdad?
En ese momento, Omar ya se había calmado. Resopló:
—Por supuesto que es verdad. Nunca lo había visto así. Por eso dije que no te haría daño.
Julieta sintió como si fuera una broma y de repente se rio a carcajadas.
Omar estaba un poco atónito.
—¿Qué te pasa?
Julieta sacudió la cabeza, hizo un gesto con la mano y