Julieta no sabía qué hacer, tenía la mirada perdida.
Antes había pensado en entregarse, pero cuando llegó el momento de la verdad, se asustó un poco. Resultó que entregarse también requería valor.
En ese momento, una llamada telefónica interrumpió sus pensamientos.
—Julieta, ¿dónde estás? —Ismael estaba ansioso—. Anoche te escapaste sin decir ni una palabra y no podía comunicarme contigo por teléfono. Llamé a la policía.
—Lo…
—No hablemos de eso, tienes que venir al hospital. La situación de Sam