—He oído que esa zorra está muerta. Me hace muy feliz.
Al escuchar la soberbia de Dalila, Julieta apretó los dientes.
—¿Lo hiciste tú?
—¿Tú qué crees? —Dalila se burló—. Julieta, ¿no crees que eres una calamidad? Todos los que se preocupaban por ti murieron. Tu madre, tu padre, ese viejo de Camilo, esa perra de Jasmine, y ese Samuel que no sabe valorar mis favores. —Dalila fingió corregirse a sí misma—. ¡Oh, no, Samuel aún no está muerto del todo! Pero tal vez esté muerto cuando le quiten el tub