Dalila vio el rostro pálido de Julieta. Sabía que lo creía, y dijo:
—Julieta, me alegro mucho de verte tan desesperada. ¿No sería genial si Leandro pudiera verte así también?
Julieta apartó la mirada, negándose a ver a Dalila, pero sus lágrimas seguían cayendo incontrolablemente.
Cuando le rompieron la pierna, no lloró.
Pero en el momento en que escuchó que Leandro la quería muerta, sí lo hizo.
Afirmaba que ya no le importaba, más al oír que el hombre que había amado durante diecisiete años quer