Tan pronto como Dalila entró al apartamento, escuchó un golpeteo en la puerta.
Se sentía complacida y tarareaba una melodía mientras iba a abrir la puerta.
Sin embargo, cuando vio a la persona en el umbral, su rostro se puso rígido y preguntó:
—Leandro, ¿por qué estás aquí?
—¿No puedo venir a mi casa?
Dalila se rio con vergüenza y respondió:
—No quise decir eso, solo pensé que estabas en…
Sin esperar a que terminara sus palabras, Leandro la miró con frialdad y preguntó con un tono severo:
—¿Tu