Tocó la puerta durante largo rato, pero nadie le respondió.
Julieta se puso nerviosa y volvió corriendo al salón. Rebuscó en la caja en busca de la llave de la puerta.
Pero cuanto más ansiosa estaba más pánico sentía. Como le temblaban las manos, no podía meter la llave en el ojo de la cerradura.
—Jasmine, Jasmine, aguanta, no…
Sus lágrimas seguían corriendo por su cara, pero la puerta no se abría.
Así que empezó a golpear la puerta con el hombro y, tras unos cuantos golpes, por fin se abrió.
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