Julieta se quedó atónita. Dalila lo sabía.
Si a Julieta le preguntaban por la cosa de la que más se arrepentía, ¡sin duda sería haber recogido a la serpiente Dalila del borde de la carretera y haberla traído a vivir casa!
—¡Eres diabólica!
Dalila soltó las manos y se echó a reír como loca.
—Sí, soy diabólica, pero Leandro no piensa lo mismo. Cree que soy la persona más amable y generosa del mundo.
Luego se acercó a Julieta y le gritó:
—En su corazón, ¡tú eres la diabólica!
Las palabras de Dalil