Leandro empezó a sentirse inquieto, cuando el trueno retumbó amenazadoramente en el exterior, lanzó con rabia al suelo el bolígrafo que llevaba en la mano.
Renzo echó un vistazo por la ventana y un relámpago iluminó el oscuro cielo. Le siguió un enorme aguacero que goteaba copiosamente sobre las ventanas de cristal.
Frunció los labios y recordó cuidadosamente a Leandro:
—Señor, la señora aún está...
Antes de que consiguiera terminar la frase, Leandro lo miró con frialdad y tuvo demasiado miedo