"¿Exigiéndome que pida perdón a Dalila?
"¡En tus sueños!
Puede que sea patética y débil, pero no lo suficiente como para disculparme ante la amante que destruyó mi familia y mi matrimonio".
Las mejillas de Julieta enrojecieron y sintió un fuerte dolor en el pecho. El olor de la sangre asaltó su garganta, haciéndole sentir náuseas. Sin embargo, se negó a ceder.
—No le he hecho nada.
Leandro la miró fríamente y ejerció más fuerza, como si quisiera romperle el cuello.
—¡Julieta, no me hagas repetir