El fuego es dispersado y no queda nada que salvar.
El silencio es mortífero y oscuro.
Somos llevados al hospital para que extraigan la bala en el cuerpo de Tristán y a mí, por una revisión que considero innecesaria. En el camino me percato de que él, está muy callado.
Va sumido en sus pensamientos.
Sé cómo se siente.
Quien diría que Nancy, acabaría con su vida de la misma marera que acabo con la de mi padre e intento hacer conmigo en dos ocasiones.
Después de esto, no sé a dónde vamos a parar.