—¿Cómo, qué te vas?
Kamal está de pie en medio de la habitación, mientras me ve empacar.
—Como lo oyes— respondo sin mirarlo—Ya conseguí un boleto de regreso a Nueva York. No tengo nada que hacer aquí.
Empaco mis cosas del baño.
—¿Cómo qué no? —gruñe— ¿Tristán?
La sola mención me oprime más el corazón.
—No hay nada— lo miro—No me quiere a su lado.
Tiene las manos en su cintura y, me ve como si me hubiese salido una segunda cabeza.
—¿Qué? —niega—Eso es imposible.
—No puede soportar que,