Todo lo que sube, tiene que bajar.
Esa es la ley de la vida.
Ahora es el turno de Tristán de bajar del pedestal autoimpuesto.
No voy a negar que, una parte de mí, se siente feliz de verle aquí. Sin embargo, la bruja en mi interior solo quiere patearlo y, hacerle sentir un poco de lo que él me hizo sentir cuando me dijo todas esas cosas en el hospital.
— Bien— digo a Tristán que, está de pie en la entrada de mi oficina— ¿A qué debo el honor de tu visita?
Mi voz desborda ironía.
Paseo por el luga