Siento sus labios sobre los míos.
El roce de su lengua y, como su respiración, se mezcla con la mía.
¡Señor!
Deja de pensar en Tristán.
Ahora que sé, que él no fue el que envió el mensaje la fatídica noche, siento que me estoy ablandando con él y no puedo.
Sé que me va a odiar cuando se entere quien soy. Y, que acabe con su familia.
— Gala. Gala.
— ¿Eh? — digo mirando al frente para ver a Kamal mirándome con una sonrisa divertida.
— Tengo unos minutos hablando de los balances que han enviado de