PRESENTE.
Avanzo por el pasillo de un complejo departamental. Kamal a mi lado me acompaña. Cuando llegamos frente a una de las puertas él, toca y un hombre alto y fornido abre.
Sin mediar palabras, se hace a un lado dejándome entrar.
Veo a otro hombre que me ve cerca del salón.
—¿Dónde está? —Kamal, inquiere en tono profesional.
—Espera en el cuarto del fondo—responde en tono sereno uno de los hombres.
Doy un paso al frente.
—¿Vas a ir sola?
—No va a hacerme nada. No si quiere seguir vivo—respo