Laura estaba terminando de ordenar las pruebas cuando el celular vibró.
Era Agustín.
Atendió de inmediato.
—Decime.
Del otro lado, la respiración de él sonaba controlada, pero Laura sabía que estaba caminando sobre fuego.
—Ya está hecho.
Laura se quedó quieta.
—¿Funcionó?
—Sí. Escuché a Ibarra hablando con Hernán. Viene en camino a la constructora. Mordieron el anzuelo.
Laura cerró los ojos un segundo, pero no se permitió sentir alivio todavía. Eva seguía dentro de esa casa con sus hijo