Agustín guardó el celular y volvió a entrar.
Empujó la puerta despacio y se metió en la casa sin hacer ruido.
El olor a vino estaba en el aire.
No podía actuar como un hombre herido, ni le convenía entrar gritando por más ganas que tuviera.
No podía tocarla, ni insultarla, ni hacer nada que después pudiera usarse contra él. Vanessa era capaz de convertir cualquier límite en una agresión. Hernán también. Ya lo habían hecho con Eva. Ya intentaban hacerlo con todos.
Pero si Vanessa tenía