Vanessa recibió la citación delante de su jefa justo cuando había llegado del juzgado. Enojada, furiosa, cansada. Y no le dio tiempo de respirar porque apenas había vuelto en sí.
El sobre llegó a media tarde, justo cuando estaba revisando unos informes en la oficina de dirección. Había intentado mantener la espalda recta, la voz firme y el rostro sereno durante toda la reunión, pero el sello del juzgado en el papel le quitó el aire.
Su jefa, Patricia Salvatierra, levantó la vista desde su escr