Agustín cortó la llamada.
El teléfono seguía en su mano, pero la voz de Eva todavía le temblaba en el oído.
No había dicho mucho.
Pero no hizo falta.
Eva no era una mujer que llamara desde un hotel porque sí.Que dejara a sus hijos si no había ocurrido algo grave. Eva no era una mujer que pidiera ayuda sin antes haber intentado llegar al límite.
Sabía que Hernán le había hecho algo.
Agustín sintió que la rabia le subía por la garganta.
Tenía la necesidad de salir, encontrar a Hernán y hacerlo pa