Vanessa salió del juzgado con la cabeza ardieniendo.
No quiso escuchar otra vez esa calma insoportable con la que él había dicho delante de todos que Eva Beltrán no tenía nada que ver con su decisión de divorciarse.
Eso era mentira para ella .
Tenía que serlo.
Porque si Eva no había hablado, si Eva no había movido nada, si Eva no había usado lo que sabía para acercarse a Agustín, entonces la caída era solo de ella. Y Vanessa no estaba dispuesta a pararse frente a su propia culpa sin poner a alg