Hernán giró apenas la cabeza hacia la calle.
Eva todavía no aparecía, pero María ya miraba en esa dirección como si la estuviera llamando con todo el cuerpo. No decía nada, pero sus manos pequeñas apretaban la mochila contra el pecho con una fuerza que a Hernán le resultó ofensiva.
María siempre había sido más fácil de alcanzar. La niña más dulce.
Hasta más temerosa.
Siempre era la más dispuesta a creer cuando él bajaba la voz, cuando se agachaba a su altura, cuando usaba esa ternura med