Vanessa volvió a golpear la puerta varias veces. Insistía.
Una vez.
Después otra.
—Agustín —dijo desde afuera—. Abrime. Tenemos que hablar.
Él no respondió enseguida.
Seguía sentado frente al escritorio, con una de las hojas entre las manos y la firma de Vanessa mirándolo desde el papel como una burla cruel.
Vanessa Ríos.
Su esposa.
La madre de sus hijos.
La mujer que durante años había sido el centro de una vida que él creyó verdadera.
Agustín cerró los ojos y respiró hondo.
Tenía qu